Rosi Gutiérrez El verano y las vacaciones ¿bien? Vamos a decir que sí y así no nos enredamos en más explicaciones. Yo con tal de no pasar mucho calor, ni acalorarme demasiado, disfrutar del paisaje y la compañía (que a veces son lo mismo), pues ya estoy contenta. Y conversaciones, me encanta hablar con la gente, escucharla, que se me escuche, aprender algo nuevo, no tiene porque ser profundo, sólo con “fundamento”. Y siempre queda alguna persona inteligente o interesante, de la que puedes aprender algo nuevo, esa clase de gente con la que hablas de artesanía y te apetece escucharlas, de sus alumnos y sigues escuchando, de sus experiencias en el mercado y no te cansas, de sidra o de quesos o del tiempo y es entretenido, de religión y …¡no te acaloras!

Y eso que esa persona es atea, de toda la vida, con tradición familiar. Pero te habla de tu Dios (y de él también) con respeto, sin negar el peso que ha tenido y tiene en nuestra cultura a lo largo de toda la Historia. Si quitas el cristianismo de la historia europea de los últimos, digamos 2000 años, con luces y sombras por supuesto que para eso somos humanos, ¿qué queda? Pues nada, a coger un libro de texto y hojas y hojas en blanco. ¿De positivo? Nada que estudiar. Pero eso sí es una gran mentira. No se puede borrar toda la tradición cristiana y pretender ser culto, negarla es inventarte otra historia y eso es cuento, pura ficción. Claro que lo que para él es tradición para mí es vida, es Verdad.

Pero me gusta su actitud. La de respetar que los primos de sus hijos les cuenten historias de santos, aunque sean truculentas, porque forma parte de nuestra cultura; de que las abuelas digan: “Qué la Virgen María te bendiga” o “qué Dios te bendiga”, porque es una expresión de cariño, y si para ellos carece de sentido más elevado, desde luego la abuela no pretende hacer daño, todo lo contrario, es una manifestación de amor. ¿Protestan esos mismos “ateos” cuando dicen o se les dice “adiós”? Pues eso. Llevar su ateísmo hasta el punto de querer quitar todo símbolo o expresión religiosa, o que pueda parecerlo, de nuestra sociedad es cambiar una religión por otra. Ya se sabe, los extremos se tocan. Declararte tan ateo que todo lo que “huela” a religión te molesta y lo rechaces es hacerte fanático del ateísmo. Crees y practicas el ateísmo y no toleras nada que vaya en contra de tu “falta de creencias”. No lo digo yo, sino este ateo sin alharacas.

De ahí el título. Si quitamos la religión, ¿por qué lo sustituimos? Pues por otra serie de prácticas, creencias o comportamientos. Entendemos que religión se refiere a la devoción a una entidad divina, al credo, dogmas y liturgias con que la manifestamos (más o menos). Pero también lo entendemos como cualquier actividad realizada con gran frecuencia y rigurosidad. Por ejemplo: el fútbol, correr, gimnasio todos los días, interés por la moda de manera obsesiva, ateísmo mañana, tarde y noche…se termina convirtiendo para muchos en una religión.

La semana próxima habrá segunda parte.

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